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Los Barandales
   
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Principios de Reforma

Cuántas veces hemos escuchado predicaciones de “regresar al primer amor” son mensajes que llegan directo al corazón. Nos sentimos mal por no haber permanecido en aquellos días donde todo giraba alrededor de nuestro nuevo Amado, no dejábamos hablar de Él, traíamos siempre la biblia, hasta la cargábamos para ir al cine, y todo el día sólo era pensar en Él y tratar de conocerlo más, fue tan maravilloso ese encuentro que no nos importaba nada más en la vida. ¿si o no?

Estos mensajes pues nos hacen sentir empujados a buscar de nuevo esos días lunamieleros. Pero la verdad son mensajes motivacionales que sólo nos hacen sentir bien unos momentos, no nos dan consejos prácticos de cómo lograrlo. Y cuando se pasa la emoción volvemos a la rutina.

Y mira analiza esto, cuando conocemos a Cristo personalmente el impacto es fenomenal. Nada que pueda parecerse. Pero sucede una cosa trágica, cuando empezamos a caminar. Nos topamos que en la comunidad cristiana hay ciertas reglas que deben seguirse. Reglas y formulismos que poco a poco y de manera imperceptible empiezan a sustituir nuestra relación con Dios.

Estas reglas, formulismos y rituales pareciera que son parte de nuestra relación con Dios y por eso nos la tomamos tan “a pecho”. Y nada mas lejos que la verdad. Estos mecanismos de la vida cristiana son barandales donde nos apoyamos para llevar “una buena vida cristiana” y lee bien soltamos la mano de Dios para ponerla en estos barandales”.

En unos cuantos años, en algunos casos sólo en meses, estamos más preocupados por tomar todos los cursos o bien por tener un consjero o un guía espiritual, o por tener cobertura o por bautizarnos, que no se nos olvide un solo pecado en la santa cena, llegar temprano los domingos, ser fiel en el ministerio, obedecer a nuestros pastores, servir, y continua una larga muy larga lista.

Todas estas actividades son excelentes, el problema es que con el tiempo sustituyen nuestra relación con nuestro Amado. Son barandales donde apoyamos nuestra vida. Toda nuestra vida empieza a girar en caminar tomándonos de estos “apoyos” espirituales.

Obviamente cuando nos damos cuenta nuestra relación personal con Dios es casi nula. Cuando escuchamos a grandes hombres de Dios decir que “Dios les dijo” hasta nos asombramos, creemos que son super hombres escogidos y super elegidos. Que son de una raza diferente. Y no, algunos de ellos han mantenido su relación con Dios.

Estos barandales están tan arraigados en nuestra vida que no podemos imaginarnos una vida sin ellos.

Cuando decidimos hacer Iglesia en casa o en cualquier lugar donde nos encontremos, lo primero que debemos dejar son esos barandales. Y volver a buscar apasionadamente la mano de nuestro Dios.

Nuestra relación con Dios es lo más importante que tenemos en la vida. No podemos sustituirla con nada.

Estos barandales no lo son, no pueden sostener nuestra vida en casos de tempestad. Es imperativo aprender a caminar tomados sólo de la mano de nuestro Amado.

Aclaro, hay muchas actividades que son necsarias para nuestro buen caminar cristiano. Pero nunca debemos sustiruir esas actividades por nuestra relación con Dios. En las congregaciones pueden predicar de esto, pero en la práctica es muy difícl. En un escenario donde hay “laicos y ministros” es muy dificil caminar sin barandales. Estos son la columna vertebral de sus sistema operativo. Quítale estos barandales y no hay nada que hacer.

Es importantísismo que no importemos dichos barandales a nuestros pequeños grupos casuales. Porque sino, terminaremos siendo una congregación en chiquito, y de eso no se trata el asunto.

Se trata de caminar al lado del Maestro. Se trata de ser amigos del Espíriu Santo y de poder acercarnos a Papá con toda confianza tomados siempre de su mano. Nuestra relación con Él es lo más importante que tenemos en esta vida.

Cuando quitamos los barandales en nuestra vida, llega un temor, nos sentimos por unos momentos inseguros. Sentimos que estamos en un puente parecido al de la película de Shrek, donde los peldaños están rotos, donde el puente entero se columpia de un lado a otro y que se encuentra a kilometros de altura. Y nosotros caminando ¡sin poder “agarranos” de ningún lado! Pero no sabes qué hermoso es que cuando crees que te vas a caer sientes esas manos preciosas que ya conocías, que las reconces al momento de tocarlas, sí, son las manos de Papá. Y a partir de ese momento no queremos volverlas a soltar.

Armando Carrasco Zamora

 
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